Acerca de la integridad

Cuando vivimos de manera congruente con lo que sabemos que es correcto y verdadero, tenemos integridad.

La integridad es una virtud, una fuerza interna, una honestidad con uno mismo.

La integridad conduce las personas a ser la mejor versión de ellas mismas.

En general, cuanta más integridad tengamos, tendremos menos probabilidad de desarrollar emociones atrapadas porque el alma no está dividida, sino entera.

No hay ruptura del corazón, no hay conflicto interno.

Cuando una persona elige vivir en la integridad, se encuentra en paz con su propio corazón y mente.

Cuando continúa en su camino, la integridad crece, la confianza se fortalece y la posibilidad se incrementa.

Una persona que viva de esta manera tiene poco espacio para las emociones negativas que podrían quedar atrapadas.

La vida, por su misma naturaleza, es a veces incómodamente desafiante. Debemos alcanzar esos desafíos creciendo y atravesando el cambio, entonces aquellos con integridad no están completamente exentos de las emociones atrapadas.

El crecimiento personal requiere estirarse, ajustarse, acomodarse a las necesidades ajenas, refinarse a uno mismo, correr riesgos, tomar decisiones difíciles y hacer más de lo que pensamos que podíamos.

La adversidad, la oposición y el desafío verdaderamente nos dan la oportunidad de crecer.

Podemos elegir resistirnos y molestarnos con esos desafíos o darles la bienvenida como bendiciones y sentir gratitud por el crecimiento que nos traerán.

A veces, las experiencias más difíciles de enfrentar son las que más nos benefician.

Cuando atravesamos momentos de oposición, podemos necesitar chequearnos para encontrar emociones atrapadas que podrían ocurrir, para quedarnos libres de sus efectos negativos.

El código de la emoción